REGRESA A DIOS

“VUELVE, oh Israel, a Jehová tu Dios; porque por tu pecado has caído” (Os.14:1).
 
La historia de Oseas es una de las historias de amor más trágicas, extrañas y asombrosas de la Biblia. Dios le dice a Oseas: Ve, tómate una mujer fornicaria…” (Os.1:2). ¡Qué pedido más extraño! Es cierto, algunas veces Dios pide cosas extrañas. A Abraham le pidió que entregue a Isaac en sacrificio o le dijo a Gedeón que pelee contra el enemigo con solo 300 hombres y despida a los demás a sus casas. Pero éste pedido es muy extraño y loco. Si yo hubiera sido Óseas no le hubiera aceptado a primeras. Como todo joven soltero imagino que Oseas imaginaba casarse con una buena mujer, soltera y de buena reputación. No solo creo, yo estoy seguro de que Oseas oraba por una esposa virtuosa. ¡Cómo Dios podía pedirle tal cosa! Imagino a Oseas diciendo: “Señor, disculpe, no escuché bien. ¿podrías repetirme?… Señor, pero yo he esperado toda mi vida una mujer virtuosa como escribió Salomón en los proverbios: Mujer virtuosa ¿ quién la hallará?” (Prov.31:10).
Oseas acepta el pedido de Dios y obediente se casa con Gomer, la mujer fornicaria. Imagino lo que la gente hablaría a espaldas del profeta. Él la llegó a amar mucho sin embargo. La amó mucho a pesar de todas las tragedias que le tocó vivir al lado de esa mujer. Tuvo hijos y también los amó.
La historia extraña de amor era un sermón que Dios quería que el pueblo de Israel escuche. El pueblo era duro de entender, por ello dice: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento…” (Os.4:6). Es así que Dios usó la vida de Oseas y su relación dramática para ilustrar el tipo de amor que Dios tiene para con su pueblo, Israel. Dios como Oseas, ama a una mujer fornicaria, ama a un pueblo fornicario que busca amor por dinero, busca amor en placeres y cosas. Una mujer infiel, que busca amantes y placeres y finalmente termina esclavizada.
Nadie puede ser feliz nadando en aguas turbias y contaminadas después de haber nadado en aguas limpias y cristalinas. El último capítulo de Oseas registra la súplica de Dios a Israel con el mensaje: “VUELVE, oh Israel, a Jehová tu Dios; porque por tu pecado has caído” (Os.14:1). Lejos de Dios no hay nada bueno. Tú sabes que es así. No te mientas, no trates de negarlo. ¿Has encontrado algo bueno lejos de Dios? Y si encontraste algo “bueno”… ¿cuánto tiempo te duró? Volvamos a Dios. Regresa a donde perteneces. Regresa a Dios.
 
Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

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